"Ver que nuestro familiar come menos o cambia radicalmente sus gustos no es un capricho. Su cerebro y su cuerpo están cambiando, y cuidar su nutrición es fundamental para evitar la pérdida acelerada de masa muscular."
La hora de la comida es otro de los grandes escenarios de cambio en la vida de una persona con Alzheimer. Con el avance de la condición, nos encontramos con platos que se quedan intactos, un rechazo repentino a alimentos que antes les encantaban, una preferencia marcada por los sabores dulces y, en etapas más avanzadas, dificultades reales para tragar (deglución).
Sin embargo, hay un factor silencioso al que debemos prestarle muchísima atención y que suele pasarse por alto: la pérdida de masa muscular.
EL CAMBIO EN EL PALADAR: ¿Por qué ahora solo quieren dulce?
A medida que la enfermedad avanza, las papilas gustativas cambian y la capacidad de procesar los sabores disminuye. El sabor dulce es el último que se pierde y el más fácil de reconocer por el cerebro, además de proporcionar una fuente rápida de energía.
No te pelees con la inclinación al dulce: Si para lograr que coma una comida nutritiva necesitas agregar un toque natural como miel, compota de frutas o una salsa ligeramente dulzona a la proteína o los vegetales, hazlo. Lo importante es la nutrición que entra a su cuerpo. Sin embargo, cabe destacar que el azúcar refinada es uno de sus principales enemigos, por lo que es preferible optar siempre por endulzantes naturales o alimentos con su propio dulzor.
Simplifica las texturas: La confusión en la boca hace que rechacen platos con muchas texturas mezcladas (como una sopa con trozos grandes y duros). Las cremas, purés suaves y alimentos fáciles de masticar reducen el rechazo y evitan el cansancio al comer.
LA PÉRDIDA DE MASA MUSCULAR: Un riesgo silencioso pero evitable.
Es completamente esperado y normal que las personas con Alzheimer o demencia pierdan peso y masa muscular con el tiempo. Esto ocurre por una combinación de factores: comen menos, queman energía de forma ineficiente (a veces por el deambular constante) o su metabolismo cambia.
Sin embargo, una pérdida de masa muscular excesiva o acelerada es peligrosa y debemos monitorearla muy de cerca por las siguientes razones:
Riesgo severo de caídas y fracturas: Al perder músculo, las piernas pierden fuerza y firmeza, lo que aumenta las caídas y la fragilidad.
Pérdida de autonomía física: Dificulta tareas básicas como levantarse de la cama, sentarse en el baño o mantenerse erguidos.
Afectación de la deglución: La deglución (tragar) requiere el uso de músculos en la boca y la garganta. Si la masa muscular general se deteriora demasiado, tragar se vuelve más difícil y aumenta el riesgo de broncoaspiración (que la comida o líquidos vayan a los pulmones).
¿Cómo podemos contrarrestarlo desde el hogar?
Priorizar la proteína: Asegúrate de incluir fuentes suaves de proteína en cada comida (huevos revueltos, pescado desmenuzado, pollo bien cocido y procesado, yogur o quesos suaves).
Suplementación guiada: Consulta con su médico sobre el uso de suplementos nutricionales o de proteína en polvo para enriquecer sus batidos o purés.
Movimiento suave: Estimula caminatas cortas en casa o ejercicios sencillos con las piernas para mantener activos los músculos sin fatigarlos.
Cuidar la deglución con paciencia.
Cuando notes que se le atraganta el agua o que tarda mucho en tragar:
Adapta los líquidos: Utiliza espesantes para líquidos si notas que el agua líquida le provoca tos.
Postura correcta: Asegúrate de que esté en posición vertical (bien sentado) durante la comida y al menos 20 minutos después de comer.
Raciones pequeñas y sin prisa: Sirve cantidades pequeñas en el plato para no abrumarlo visualmente y respeta su ritmo.
Cuidar desde la observación amorosa.
No se trata de obsesionarse con la báscula, sino de observar los cambios con mirada preventiva. Mantener su fuerza muscular y adaptar su comida a sus nuevos gustos no solo cuida su salud física, sino que preserva su calidad de vida y nos da paz a quienes estamos al frente de su cuidado.
En mi caso personal, yo me centré en proteínas que son económicas y que también podía porcionar para varios días, como el hígado de pollo, la pechuga de pollo, plátanos, lentejas, frijoles, entre otros.
Hice una lista que me permitía seleccionar los alimentos que ofrecían lo que ella necesitaba, y así no tuve la necesidad de comprar otro tipo de alimentos que por lo general no comía. Las caminatas siempre son de gran ayuda para su motricidad y para canalizar la ansiedad cuando llega el Síndrome del Ocaso; mantenerla activa en la jardineria, que pueda regar sus plantas y barrer la casa, darle actividades que sé que puede cumplir... aunque, claro, siempre bajo mi supervisión, ¡porque si me descuido la tengo que bajar de la mata de guayabas!
Cuidar no siempre significa limitarla, significa poderle ofrecer una libertad supervisada; he aprendido que el encierro y el aislamiento solo empeoran la enfermedad.
¿HAS NOTADO CAMBIOS EN EL GUSTO O EN EL PESO DE TU FAMILIAR?
¡DÉJAME TUS DUDAS O TUS CONSEJOS EN LOS COMENTARIOS!
Autora: Mary Carmen Marcano Maza
Cuidadora de mi madre con Alzheimer
@AlzheimerConciencia




